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Un año después de la victoria de Keir Starmer

El laborismo con acento Thatcher

Regalos al big business, recortes en el gasto social, alineamiento con Washington, complacencia hacia Israel: Keir Starmer se ha inscrito sin ambigüedad en la estela de Anthony Blair. Gobernando con una política decididamente derechista, el primer ministro británico ha maltratado a sus parlamentarios, indignado a una parte del electorado laborista y abierto un espacio a la izquierda del Partido Laborista.

por Daniel Finn, octubre de 2025
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Hendrik Nicolaas Werkman. — Kop in profiel naar rechts (’Cabeza de perfil hacia la derecha’), 1936

Para el actual primer ministro británico y su equipo de asesores, la dirección del Partido Laborista a cargo de Anthony Blair siempre ha sido un modelo a seguir. A primera vista, la victoria electoral de julio del pasado año pudo parecer un éxito político comparable a los del propio Blair. Con sus 411 escaños, Keir Starmer disponía de la más holgada mayoría parlamentaria nunca conseguida por un partido desde los primeros años del Nuevo Laborismo.

No obstante, visto más en detalle, su proyecto de gobierno reposaba sobre bases políticas mucho más frágiles. Su partido cosechó menos del 34% de los votos en dichas elecciones: los resultados del laborismo en 1997 fueron superiores en casi diez puntos porcentuales. En comparación con los comicios de 2019, el laborismo solo ha mejorado sus resultados en dos puntos, por más que haya doblado su número de escaños debido a las peculiaridades del sistema electoral británico. En números absolutos, el laborismo de Starmer ha recabado menos votos que el de su predecesor Jeremy Corbyn cinco años atrás pese a beneficiarse del desplome del Partido Conservador, que ha sufrido la competencia de los liberaldemócratas y de un nuevo partido de derecha, Reform UK (1), fundado a finales de 2018 por Nigel Farage y Catherine Blaiklock.

Desde entonces, todo ha ido de mal en peor. A finales de 2024, el periódico Financial Times se preguntaba por qué el dirigente laborista había “desperdiciado sus primeros meses en el poder” teniendo a su disposición tan imponente mayoría: “En tiempos recientes, ningún primer ministro ha experimentado una caída de popularidad tan desastrosa en tan breve plazo de tiempo” (24 de diciembre de 2024). El laborismo lleva desde principios de 2025 siendo regularmente superado en los sondeos por sus adversarios, al frente de los cuales se halla Reform UK.

¿Cuál es la principal razón de este fuerte descenso de popularidad del primer ministro? Su resolución a la hora de preservar el legado del thatcherismo. La pintura que esbozó en las páginas del Sunday Telegraph (2 de diciembre de 2023), pocos meses antes de las elecciones legislativas, era de lo más sombría: “Servicios públicos arruinados que ya no sirven al público, familias atenazadas por la angustia ante el desmesurado aumento de las deudas inmobiliarias y el precio de los alimentos, barrios consumidos por el crimen y conductas antisociales…”. Cabría esperar de un dirigente laborista que presentase estos problemas como síntomas de la decadencia del modelo económico, pero Starmer sólo tuvo elogios para Margaret Thatcher, que, según él, “trató de sacar a Gran Bretaña de su letargo liberando el espíritu empresarial presente en nuestra naturaleza”.

Aquel no fue un mero guiño desenfadado con el fin de complacer a los lectores de un periódico conservador. Como señala el historiador David Edgerton, “el Partido Laborista se ha convertido en una formación dedicada a defender no el mundo de [Clement] Attlee, sino el creado por Margaret Thatcher y sus sucesores” (2). Uno de los principales objetivos de Keir Starmer fue transformar un partido que reposaba financieramente en sus militantes y los sindicatos afiliados en una organización dependiente de la generosidad de los ricos (3). En un evento de recaudación de fondos durante su campaña, Starmer explicó a varios representantes de Google y Goldman Sachs: “Cada una de nuestras políticas nacionales lleva vuestro sello” (Financial Times, 15 de febrero de 2024).

El líder laborista y su equipo trabajaron sin descanso con el fin de seleccionar a los candidatos más indicados para poner en práctica su proyecto una vez elegidos diputados. Cuando el nuevo grupo laborista se reunió por primera vez en julio, pudo advertirse el resultado del proceso. Según el Sunday Times (7 de julio de 2024) casi un tercio de los diputados recién elegidos habían trabajado como lobistas, en especial para empresas especializadas en los juegos de apuestas y las inversiones inmobiliarias: “Los exasesores, los diputados procedentes del mundo de los negocios, son más numerosos que quienes han ejercido como docentes, médicos o funcionarios de las administraciones locales, las profesiones asociadas tradicionalmente al laborismo. Los nuevos diputados procedentes de los grupos de presión o del mundo de la comunicación son el doble de numerosos que los llegados del sindicalismo”.

Esa intimidad con el mundo de la gran empresa y los lobbies ha condicionado el ejercicio del poder por parte de Starmer, tal y como este prometió. Él y su canciller de Hacienda (ministra de Finanzas), Rachel Reeves, eligieron ponerse en manos de empresas como BlackRock para reconstruir unas infraestructuras que se vienen abajo, y para hacer más apetecibles las licitaciones, añadieron subvenciones públicas y medidas de garantía de la inversión privada. Uno de los primeros gestos importantes de Reeves también consistió en anunciar la supresión del subsidio que ayudaba a los pensionistas a pagar la calefacción durante el invierno. Y por el mismo camino siguió al anunciar, en la primavera de 2025, los mayores recortes en gasto público desde el Gobierno de David Cameron.

En cuanto a la ministra de Trabajo y Pensiones, Elizabeth Kendall, presentó la reducción de las pensiones por discapacidad como una medida necesaria para “devolver a la actividad a personas que no deberían percibir subsidios” (ITV, 7 de febrero de 2025). A principios de este año, el programa de gastos sociales suscitó una rebelión parlamentaria. Más de un centenar de diputados laboristas firmaron una enmienda que solicitaba la anulación de los recortes presupuestarios. Starmer tuvo que renunciar a los más importantes, lo que no impidió que 45 diputados de su propia formación votaran en contra del texto final. El líder laborista suspendió a cuatro diputados con el propósito de restaurar algo de su autoridad perdida.

En materia de política internacional, la prioridad tanto de Starmer como de su ministro de Asuntos Exteriores, David Lammy, consiste en mantenerse en estrecha sintonía con Estados Unidos. Una orientación que no se ha visto alterada en absoluto con la reelección de Donald Trump. Lammy ya había abjurado, en mayo de 2024, de sus pasadas críticas sobre el presidente estadounidense en un discurso pronunciado en el muy conservador Instituto Hudson, en el que denunció las manifestaciones de los estudiantes estadounidenses movilizados contra la destrucción de Gaza: “Hay diferencias entre una protesta pacífica, como las que habría defendido Mandela, y un levantamiento violento” (4).

Desde que se convirtió en ministro de Asuntos Exteriores, Lammy se esforzó por encontrar un punto de equilibrio entre la opinión pública británica —que, en general, se muestra contraria al genocidio en Gaza— y la de las élites estadounidenses, que apoyan sin reservas la actuación israelí. Suspendió unas pocas licencias de exportación de armas con destino a Israel, pero cuando un conjunto de organizaciones no gubernamentales (ONG) denunció ante los tribunales la entrega a Israel de componentes fabricados en el Reino Unido para los aviones de combate F-35, los juristas del Gobierno fingieron no haber hallado ninguna prueba de que los ataques de las fuerzas israelíes “se dirijan deliberadamente contra mujeres y niños civiles (5).

En mayo de 2025, se celebró un evento privado en el British Museum de Londres para conmemorar el 77.º aniversario de la creación de Israel, y contó con la presencia de la embajadora israelí Tzipi Hotovely como principal oradora. El Gobierno de Starmer envió a los festejos a su ministra [secretaria] de Estado de Adquisiciones e Industria de la Defensa, Maria Eagle, que exhibió en él su orgullo de que el Reino Unido se hubiera mantenido al lado de Israel durante “uno de los periodos más difíciles de su historia”, concretamente proveyéndole de “vuelos de reconocimiento en el Mediterráneo oriental” (6). Uno de esos vuelos sobre el cielo de Gaza registró el momento en que un dron israelí mató a tres trabajadores humanitarios británicos en abril de 2024. El Ministerio de Defensa se negó a enseñar las imágenes a los familiares de las víctimas aduciendo razones de “seguridad nacional” (7).

Algunas semanas después de esta fiesta en el British Museum, la ministra del Interior Yvette Cooper decidió prohibir el grupo de activistas Palestine Action, que había realizado actos de sabotaje en fábricas de armamento de propiedad israelí y en una base de la RAF (las fuerzas aéreas británicas), lo que equivalía a incluir Palestine Action en la misma categoría jurídica que entidades como la Organización del Estado Islámico o Boko Haram. Precisamente lo que Hotovely y sus colegas de la embajada de Israel en el Reino Unido llevaban pidiendo con insistencia desde 2022 (8).

El pasado 9 de agosto, la policía de Londres detuvo a más de medio millar manifestantes que denunciaban la prohibición de Palestine Action. La mitad de las personas arrestadas eran mayores de 60 años. Esta represión sin precedentes, junto con otras medidas adoptadas para aplastar las protestas contra el genocidio en Gaza, sirve para enviar un mensaje claro al Gobierno de Benjamín Netanyahu: puede ignorar sin correr el menor riesgo todo lo que el primer ministro británico y su Gobierno digan en otros ámbitos, incluidas sus amenazas de reconocer un Estado palestino inexistente, destinadas tan solo a congraciarse con la opinión pública.

Llegados al poder gracias a un resultado electoral históricamente débil, Starmer y sus aliados han logrado que el nivel de apoyo al Partido Laborista descienda todavía más, abriendo con ello un espléndido resquicio para la penetración de Reform UK. De momento, ni siquiera en los sondeos más favorables ha logrado el partido de Nigel Farage superar los resultados del laborismo en las elecciones de 2024, pero los datos que arrojan las encuestas bastan para alojarlo muy por delante de un Partido Laborista profundamente impopular.

Farage y Reform UK proponen un diagnóstico equivocado sobre los problemas sociales del Reino Unido, que achacan a la inmigración. Si consiguen formar gobierno y se muestran capaces de imponer nuevas medidas de control de la inmigración, eso no contribuirá en modo alguno a atenuar dichos problemas (de hecho, es probable que agrave algunos de ellos). Pero el éxito de Reform UK se debe, entre otros factores, a la sensación ampliamente extendida de que el país está maltrecho y necesita de un cambio profundo. Ni el Partido Laborista ni el Conservador pueden dar respuesta a este sentimiento, habida cuenta de lo estrechamente vinculados que están ambos al statu quo.

¿Cabe la posibilidad de una alternativa de izquierdas a un modelo británico casi exánime? Al fin y al cabo, los laboristas se hicieron con el 40% de los votos en 2017 con su programa más radical desde hacía una generación. Jeremy Corbyn se reveló incapaz de capear la crisis del brexit cuando esta llegó a su paroxismo a finales de la pasada década, lo que acabó por menoscabar su autoridad a la cabeza del partido (9). La decisión de Starmer de prohibir a Corbyn que se presentara como candidato laborista en las últimas elecciones ilustra bien la implacable exclusión de toda influencia de la izquierda.

Sin embargo, el antiguo dirigente del partido fue reelegido como diputado independiente en su circunscripción del norte de Londres, y acaba de anunciar su proyecto de crear un nuevo partido de izquierda en compañía de Zarah Sultana, nacida diez años después de que Corbyn fuera elegido por primera vez para entrar en el palacio de Westminster, en 1983. Al igual que él, Sultana era diputada laborista antes de ser víctima a su vez de la ofensiva de Keir Starmer contra la izquierda.

El nuevo partido aún no ha sido presentado formalmente, y siguen quedando muchas preguntas pendientes, como cuál será su nombre, la estructura organizativa que adoptará la formación o qué relación tendrá con el Green Party, hasta ahora la principal fuerza a la izquierda del laborismo. Es indiscutible que el volantazo a la derecha de Keir Starmer ha creado una necesidad objetiva, así como espacio político para una fuerza de este género. Las tentativas dirigidas a construir una organización de izquierda que pudiera rivalizar con el Partido Laborista en tiempos de Blair fracasaron, pero el sistema de partidos británico es mucho más volátil hoy de lo que lo era hace dos décadas y, esta vez, puede ser que el laborismo no salga tan bien parado.

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(1) Véase Oliver Eagleton, “El retorno al poder del extremo centro en el Reino Unido”, Le Monde diplomatique en español, septiembre de 2024.

(2) David Edgerton, “Keir Starmer’s bad history”, 29 de febrero de 2024, www.redpepper.org.uk

(3) Véase Peter Geoghegan, “Los laboristas y el dinero”, Le Monde diplomatique en español, febrero de 2025.

(4) Patrick Wintour, “David Lammy tells US Republicans he can find ‘common cause’ with Trump”, The Guardian, Londres, 9 de mayo de 2024.

(5) Patrick Wintour, “No evidence of genocide in Gaza, UK lawyers say in arms export case”, The Guardian, 13 de mayo de 2025.

(6) Imran Mulla, “Kemi Badenoch, Nigel Farage and Jimmy Carr attend secret Israeli party at British Museum”, 15 de mayo de 2025, www.middleeasteye.net

(7) Ali Mitib, “Family of British aid worker killed in Gaza may sue Israel”, The Times, Londres, 1 de abril de 2025.

(8) Haroon Siddique, “Israeli embassy officials attempted to influence UK court cases, documents suggest” y “Ban on Palestine Action would have ‘chilling effect’ on other protest group”, The Guardian, 20 de agosto de 2023 y 23 de junio de 2025, respectivamente.

(9) Véase Chris Bickerton, “Por qué el laborismo ha perdido las elecciones en el Reino Unido”, Le Monde diplomatique en español, febrero de 2020.

Daniel Finn

Periodista. Autor de One Man’s Terrorist: A Political History of the IRA, Verso, Londres, 2019.

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