El 27 de julio de 1929, Emilio Lussu (1890-1975) se evade junto con dos camaradas, Carlo Rosselli y Francesco Fausto Nitti, de las islas Lipari, donde el régimen fascista confinaba a sus adversarios. No es su primer golpe de efecto: Lussu ya se había distinguido durante la Primera Guerra Mundial y, tras convertirse en diputado por Cerdeña, había combatido políticamente a Benito Mussolini y repelido, arma en mano, un asalto de Camisas Negras contra su residencia. Pero su fuga constituye para Roma una afrenta sin precedentes. Lussu se da prisa en contarla para demostrar la fuerza de la oposición y enardecer a los antifascistas (1).
Con la huida de las Lipari comienza un exilio que duraría casi quince años. Vía Marsella, Lussu y sus amigos llegan a París, donde fundan Giustizia e Libertà, “movimiento revolucionario”, democrático y socializante, y eje de la resistencia italiana, que invita a los enemigos del Duce a “dejar de lado por un momento sus carnés” de partido y a optar por la “unidad de acción”. La Francia de la década de 1930 ofrece un refugio, y París, una base de operaciones, a una nebulosa de antifascistas transalpinos (2), veteranos y pesos ligeros, parlamentarios proscritos e intelectuales refractarios (3). Estos se organizan, escriben y dan la voz de alarma; se comprometen con la España republicana; anhelan un “segundo Risorgimento”. La lucha no está exenta de peligros: en Francia, el régimen de Mussolini también tiene sus partidarios, sus agentes políticos y mediáticos, sus secuaces listos para matar (Carlo Rosselli será asesinado junto con su hermano en junio de 1937 por la Cagoule).
Fue en el exilio donde Lussu escribió sus principales obras: Marcha sobre Roma y alrededores (4), narración y análisis del viraje de Italia hacia el fascismo, y Un año en el altiplano (5), crónica de una campaña militar contra Austria-Hungría que rechaza la idealización fascista de la guerra y denuncia la locura de los estados mayores. También escribió una Teoría de los procesos insurreccionales contemporáneos (1936), cuyo título revela el gusto del sardo por la acción.
A partir de 1938, Lussu cuenta con el apoyo de su joven compañera, Joyce. Ella se sumerge con él en la vida clandestina, nunca en retirada, siempre en primera línea. Juntos recorren el país, cruzan fronteras: Marsella, Barcelona, Lisboa, Gibraltar, Malta, Londres, Nueva York, Lyon, Roma… Aseguran la evacuación de camaradas amenazados, crean papeles falsos y practican la diplomacia paralela. Y, mientras Lussu intenta (en vano) que el gobierno británico se interese por su plan de levantamiento armado en Cerdeña, Joyce se entrena en la telegrafía secreta y la guerrilla. Tras la guerra, ambos relatarán esos años de nomadismo combatiente. Reunidas en un volumen (6), sus dos narraciones —de sobriedad ática la una, más fluida y sensible la otra— rinden cuenta de una misma aventura y de una ambición compartida: no solo abatir el fascismo, sino también destruir las “causas económicas y sociales que lo han hecho posible”.


