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Alegatos

mayo de 2013

En esos tiempos en que todos estamos obligados bajo pena de lesa respetabilidad a entrar en alguna profesión lucrativa y a trabajar en ella con entusiasmo, un grito del partido opuesto, el de los que se contentan con tener lo suficiente, con mirar a su alrededor y gozar mientras tanto, puede sonar un poco a bravata o fanfarronería. Sin embargo, no debería ser así. Lo que suele llamarse ociosidad, que no consiste en no hacer nada, sino en hacer mucho de lo que no está reconocido en los formularios dogmáticos de la clase dominante; tiene derecho a mantener su posición al igual que la industriosidad.

Robert Louis Stevenson, Apología del ocio (1877)

Hay cosas que deseamos realmente y para las cuales no ahorraremos ni tiempo ni esfuerzo. Todo ser humano necesita actuar, influir sobre su entorno para hacerlo más agradable y materializar aspiraciones concretas (casas, hábitos, comida, arte…). Pero las actividades que (...)

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