A finales del pasado febrero, días antes de que Washington y Tel Aviv se embarcaran en una guerra contra Irán, el Gobierno iraquí dio a conocer sus reivindicaciones sobre las aguas del golfo Pérsico presentando una lista de coordenadas geográficas ante el secretario general de las Naciones Unidas (ONU). El gesto suscitó de inmediato una ola de protestas, en especial por parte de los Estados miembros del Consejo de Cooperación del Golfo: Arabia Saudí, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán y Qatar. La cuestión del acceso de Irak a estas codiciadas aguas ya estuvo presente a lo largo del pasado siglo, pero ha adquirido una nueva dimensión en un contexto regional muy degradado. Tanto más por cuanto también Irán está involucrado.
En el origen de este conflicto encontramos un clásico problema de geopolítica: la voluntad iraquí de poner remedio a su casi total carencia de salida al mar. En 1914, el (...)





