¿El diario The New York Times, un contrapoder? No cuando de gastos militares se trata. El buque insignia de la prensa liberal mundial considera, en efecto, que hay que aumentarlos y prepararse para la guerra. ¿Por qué? Porque el peligro está a las puertas. O sea, a las puertas del Imperio estadounidense.
La amenaza no puede venir de Estados Unidos, un bastión de la democracia en el mundo que, cuando le viene en gana, bombardea Irán, codicia Groenlandia, hunde barcos y mata a sus tripulaciones en aguas del Caribe o arma y financia a Israel en sus guerras contra Gaza, Cisjordania, el Líbano, Siria, Irán, Yemen… En una serie de seis artículos dedicados al “declive” militar de Estados Unidos (1), el The New York Times informa también de que “en estos dos últimos años, Israel ha conseguido combinar técnicas de guerra nuevas y antiguas en su lucha contra Hezbolá e Irán”. Un modelo a seguir para un Ejército estadounidense en apariencia desprovisto de tamaña flexibilidad.
El órgano oficioso del Partido Demócrata admite tener, pese a todo, ciertos escrúpulos. “Confiar las decisiones a robots puede poner en peligro a los civiles. […] El uso por parte de Israel de sistemas de vigilancia guiados por una inteligencia artificial que señala objetivos humanos en Gaza ha suscitado controversias. Han cometido errores a la hora de identificar a civiles tomándolos por combatientes, lo que ha provocado la muerte de gente inocente”. ¿Cómo? ¿Algo así ha ocurrido?
Pero eso no es lo esencial. “Superado”, Estados Unidos debe rearmarse. El diario reconoce no obstante que “el presupuesto del Ejército estadounidense es superior a la suma del de los nueve países siguientes”, pero eso no le impide reclamar que se “gaste más” que el billón de dólares presupuestado por la bandada de palomas que se dedica a zurear por el Pentágono: “Las partidas presupuestarias militares actuales —en torno al 3,4% del PIB— se acercan a su nivel más bajo en los últimos 80 años, incluso tras los recientes aumentos decididos por Trump”. ¡Vaya muniqueses están hechos! Los gastos militares se elevaban “al 5% del PIB en 2010, y al 9,4% en 1967”. Aquellos sí que eran buenos tiempos: en 2010, Estados Unidos guerreaba en Irak y Afganistán; en 1967, en Vietnam. Y siempre con el presto respaldo del The New York Times.
Según el rotativo, el dinero, además de ser insuficiente, está, para colmo, mal invertido. Ante la hipótesis de un conflicto con China a propósito de Taiwán, los war games del Pentágono auguran que Estados Unidos recibiría una somanta, equipado como está con un material carísimo, pero susceptible de ser destruido por otro mucho más barato. Verdad es que los artículos del The New York Times le reservan un lugar (minúsculo) al “peligro de una carrera armamentística incontrolada” y aseguran dar prioridad a la negociación. Pero, dejando al margen ese par de matices, la serie se lee como un documento del Departamento de Guerra. Lo cierto es que sus encabezados dejan poco espacio para los errores de interpretación: “El Ejército estadounidense lleva 80 años defendiendo el mundo libre”, “Nuestro dominio se marchita”, “Nuestros rivales lo saben y se equipan para vencernos”.
Por supuesto, “Estados Unidos no siempre ha usado de manera eficaz su poder militar para defender causas justas”. No siempre... Sin embargo, nada fundamental ha cambiado: “Un Estados Unidos poderoso es esencial en un mundo en el que jamás han estado tan presentes la libertad y la prosperidad. Europa occidental, Japón y Corea del Sur son democracias prósperas en parte gracias al poderío estadounidense”. Y ese es un tesoro que The New York Times defenderá con la convicción de quien sabe que “un mundo en el cual la China totalitaria sea militarmente dominante en Asia y en el que Rusia sea libre de amenazar a Europa volvería a los estadounidenses más pobres y amenazaría la democracia por todas partes”.
Tecnología punta obliga: por lo visto, los soldados de hoy “ejecutan sus misiones en estancias climatizadas” más que integrados en “tropas bien equipadas que plantan cara a los peligros físicos del frente”. Se parecen un poco a los editorialistas del The New York Times, que antes de ir a cenar, sugieren a otros que vayan a hacerse matar.


