Tratar de presentar una visión integral del segundo milenio de nuestra era, la de una historia globalizada, corre el riesgo de revolucionar muchas ideas preestablecidas.
Hasta el siglo XVIII, el centro del mundo fue Asia —China, la India y Oriente Próximo— y no Europa: por su situación, su superficie, su población, sus estructuras políticas, económicas, sociales y culturales y, por último, por los acontecimientos que allí se produjeron. Solo el etnocentrismo de los occidentales les impide ser conscientes de tal cosa y todavía les persuade de lo contrario. Como, por ejemplo, la idea de que América fue “descubierta” por Cristóbal Colón en 1492, cuando lo había sido unos 30.000 años antes por poblaciones procedentes de Asia y Siberia que, desde entonces, no dejaron de desarrollar sociedades y civilizaciones en el continente. Según esa lógica, también podría decirse que Europa fue “descubierta” por los árabes y bereberes que desembarcaron en Gibraltar en (...)


