“¡Oh, Etiopía, llevamos cuarenta años esperando! ¡Ya basta!”, exclamó Benito Mussolini en un discurso radiofónico el 2 de octubre de 1935. El Duce creía llegada la hora de lavar la afrenta de la humillante derrota italiana en la batalla de Adua, en 1896. La conquista de Etiopía debía sentar a la mesa de las grandes potencias a una Italia frustrada por no haber recibido sino las “migajas del banquete colonial”. En flagrante violación del Protocolo de Ginebra (1925), que prohíbe el uso de armas químicas, Roma recurrió de forma masiva al gas mostaza, diezmando a la población y el ganado y contaminando a gran escala las capas freáticas. Etiopía se convirtió en escenario de (...)


