En la noche del 2 al 3 de enero de 2026, fuerzas estadounidenses bombardearon con fuerza la capital venezolana antes de secuestrar al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, ambos acusados de “narcotráfico”, para trasladarlos a Estados Unidos. La experiencia le permitió a Donald Trump creer que una guerra relámpago e indolora (para los estadounidenses), acompañada de la propina de un cambio de régimen, era cosa a la vez posible y deseable.
Tal y como relatan dos periodistas del periódico The New York Times, ese fue el momento elegido por el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu para arrastrar a Washington a la guerra. El 11 de febrero presidió en la Casa Blanca una especie de consejo de guerra que reunía a oficiales estadounidenses e israelíes y anunció el inminente colapso de Irán, un triunfo histórico al alcance de la mano. Bastaba con unos cuantos ataques aéreos para darle el tiro (...)


