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Odisea de una “buena idea”

por Pierre Souchon, abril de 2014

En 1971, la libre circulación de personas, recomendada por el Tratado de Roma (1957), se hizo poco a poco efectiva. Su objetivo era reducir el “coste” del trabajo. La Comunidad Económica Europea (ancestro de la Unión Europea) estableció como principio el mantenimiento del régimen de seguridad social del país de origen para los trabajadores desplazados. Poco frecuente en un comienzo, el dumping social se desarrollaría en 1986, con el ingreso de España y Portugal en la Comunidad. Ese mismo año, Bouygues pagó el salario de cuarenta y seis obreros portugueses según las condiciones portuguesas en la obra del tren de alta velocidad (TGV) Atlantique. La empresa lusitana en cuestión, Rush Portuguesa, dio su nombre a un célebre fallo del Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas en 1990, que permitía imponer a los proveedores de servicios extranjeros la legislación y los convenios colectivos del país de acogida. Esta jurisprudencia fue (...)

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