5 de diciembre de 2025. Mientras el frío invernal muerde las calles de Berlín, Hamburgo y Dresde, decenas de miles de jóvenes cierran tras de sí las puertas de sus aulas. Llevan pancartas en las que puede leerse: “Unsere Brüder kriegt ihr nicht” (‘No tendréis a nuestros hermanos’). Esta huelga es una respuesta colectiva a la creciente militarización de la sociedad. La ley sobre la modernización del servicio militar abre el camino a una nueva forma de imposición. A partir de enero de 2026, todos los jóvenes de 18 años se someterán a un cuestionario obligatorio; los que se nieguen a contestarlo serán sancionados. A partir de 2027 llegará el examen médico. Si no hay suficientes voluntarios, la obligatoriedad será de aplicación.
La resistencia es palpable en colegios e institutos: entre el 80 y el 90% de los alumnos se declaran opuestos al nuevo servicio militar obligatorio. Mientras el Gobierno desbloquea el gasto de miles de millones de euros en armamento y material, ellos se sientan en aulas destartaladas y se enfrentan a un futuro incierto a causa de la crisis climática. Los medios están ahí, pero se destinan a otras cosas. […] La televisión alemana difunde imágenes del Tag der Bundeswehr, el Día de las Fuerzas Armadas, en las que niños de diez años posan orgullosos, fusil en mano. En Baviera arrecia un debate sobre la introducción de las ciencias militares como asignatura escolar. En Kellmünz hay centros de primaria que organizan “campamentos de aventura militares” para niños de seis años en adelante. El diputado de izquierda Ates Gürpinar se indigna por la “propaganda de guerra en los talleres de manualidades” de las guarderías, y considera que el Ejército no tiene lugar en las escuelas infantiles ni en los campamentos vacacionales. El sindicato de puericultores y puericultoras comparte plenamente su opinión: “Nada de guarderías de niños con uniforme de camuflaje”. El espacio público y las salas de estar se militarizan a toda velocidad: desde publicidad de Rheinmetall en los campos de fútbol hasta mensajes de la Bundeswehr en las cajas para pizzas. En octubre de 2025, la cadena de radiodifusión pública ARD retiró del top 100 la canción pacifista de Reinhard Mey Nein, meine Söhne geb ich nicht (“No, no daré a mis hijos”). Carnés de conducir gratuitos y un buen sueldo atraen a los jóvenes hacia una vida al servicio del aparato militar. Todo gira en torno a la movilización del conjunto de la sociedad.
Todo lo anterior tiene un propósito. Para la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Alemania es un centro logístico de capital importancia y un punto de apoyo en caso de que estalle un conflicto de grandes proporciones en el este. Eso es lo que detalla el reciente Operationsplan Deutschland —Oplan DEU en la jerga militar—: un documento de 1.200 páginas en el que se describe cómo deberían desplazarse hacia un posible frente en el este 800.000 soldados alemanes, estadounidenses y de otras fuerzas pertenecientes a la OTAN, así como 200.000 vehículos militares.
Si semejante número de efectivos tuviera que atravesar Alemania, sería necesario alimentarlos y alojarlos. En ese caso, se recurriría a las empresas privadas, pero también a los civiles, lo que significa que estos últimos estarían concretamente implicados en las labores de la guerra en la retaguardia, en su propio país. Y eso es precisamente lo que determina este “plan de operaciones”: “La combinación del Ejército con los servicios de socios civiles y comerciales”, señala la Bundeswehr en su página web. De ese modo, la frontera entre lo civil y lo militar se desdibuja rápidamente. Grandes actores como DHL, Lufthansa y Deutsche Bahn son desde ahora parte integrante de la planificación militar. La red de ferrocarriles, descuidada desde hace años en perjuicio de los viajeros, en la actualidad se prepara para el transporte de carros de combate y munición. Los pilotos de aviones comerciales están ya recibiendo formación en el manejo de drones. También se están transmitiendo instrucciones a las empresas sobre su papel en tiempos de guerra: desde la instalación de campamentos militares hasta el suministro de alimentos.
Llama la atención la fría lógica por la que se rige esta planificación. Los escenarios que maneja la OTAN calculan un millar de heridos diarios procedentes del este. Así que el sistema alemán de salud se prepara en consecuencia. Un jefe de la comandancia regional de la Bundeswehr en Baden-Wurtemberg explica: “Hay que estar preparados para que el soldado gravemente herido sea el primero en recibir cuidados y el paciente que sufra apendicitis sea atendido más tarde”.






