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Suplemento Foro Mundial del Agua realizado por la FAO (Naciones Unidas)

Los grandes desafíos mundiales en torno al agua

¿Es el agua un derecho? ¿A quién pertenece? ¿Cómo solucionar los conflictos generados por este y otros motivos? Estos son los retos a los que se enfrenta el agua.

febrero de 2018

La idea del agua como derecho humano viene de 2004, de la publicación del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) Water as Human Right: “Reconocer formalmente un derecho humano al agua y expresar la voluntad de dar contenido y hacer efectivo dicho derecho, puede ser una manera de estimular a la comunidad internacional y a los gobiernos para que redoblen sus esfuerzos para satisfacer las necesidades humanas básicas y para la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio”.

Un año después llegaba la proclamación del Decenio Internacional para la Acción "El agua fuente de vida" 2005-2015, que aumentó la concienciación respecto a la importancia del agua en el desarrollo de países y sociedades. Surtió efecto, y, en 2010, la ONU reconoció como derecho humano el derecho al agua y al saneamiento, reafirmando que el agua potable limpia y el saneamiento son esenciales para el ser humano.

Pero, en 2015, la ONU tuvo que reconocer que no se habían hecho los avances necesarios en cuanto a saneamiento, por lo que hubo que añadir como derecho “un saneamiento salubre, higiénico, seguro, social, culturalmente aceptable y que garantice la intimidad y la dignidad”.

LA TENENCIA DEL AGUA

El derecho al agua sigue siendo un reto, pero no el único. Porque, ¿qué se responde a la pregunta de si el agua tiene dueño? El acceso a este recurso se ha dirimido en más de una ocasión por medio de un conflicto, y si tenemos en cuenta que, en el futuro, la escasez de agua va a incrementarse, también es probable que lo hagan estos conflictos.

En la Edad Antigua, el propietario del agua era el propietario de la tierra que la tenía. Hoy, el vínculo tierra-agua no se parece en nada. Existen permisos de propiedad limitada, licencias regulatorias, incluso contratos de inversión a empresas privadas para gestionar el agua de una ciudad a cambio de crear infraestructura para su provisión a la ciudadanía.

Pero la escasez cambia las cosas, y enfrenta a los propietarios y gestores con las personas que no disponen de acceso. Se vio en la llamada Guerra del Agua en Cochabamba (Bolivia) en 2000, cuando los ciudadanos se enfrentaron al gobierno por la privatización del servicio de aguas municipal. O cuando en 2017 el Tribunal Supremo indonesio arrebató a dos empresas privadas la gestión del agua de Yakarta, la capital. Por no hablar de las aguas transfronterizas, los recursos hídricos compartidos por diferentes países.

AGUA Y CONFLICTOS

En el mundo existen 263 lagos y cuencas fluviales transfronterizas. 145 estados tienen territorios en esas cuencas, y 30 países se encuentran completamente dentro de ellos. Además, hay aproximadamente 300 acuíferos transfronterizos que ayudan a atender a los 2.000 millones de personas que depende de las aguas subterráneas.

Dos tercios de los ríos transfronterizos del mundo no tienen normas sobre cómo compartir recursos, lo que crea situaciones conflictivas: ¿qué pasa cuando un país decide construir una presa que afecta al curso del río de países por los que también pasa ese río? Ocurrió entre Burkina Faso, que construyó la presa, y Mali, que vio cómo el río Volta llegaba con menos caudal desde ese momento.

Pero estos incidentes no afectan únicamente al propio caudal de los ríos, o a la cantidad de agua subterránea, al propio elemento, sino que afecta a todos los sectores que dependen de él, como la agricultura, la industria, la energía, la navegación y el suministro para consumo y saneamiento. Aquí es donde se necesita la cooperación entre los distintos países. No sólo para arreglar o prevenir disputas, sino porque el acuerdo conlleva beneficios económicos y medioambientales.