Durante mucho tiempo, Tesalónica —a la que todavía llamaban Salónica a principios del siglo xx— fue conocida como la “Jerusalén de los Balcanes”. Pero el nacionalismo griego y la deportación del 96% de los 50.000 judíos tesalonicenses, seguido de su exterminio —principalmente, en Auschwitz, durante la Segunda Guerra Mundial—, han reformado por completo la identidad de esta ciudad, nombre incluido. La fotografía y las estelas, en diálogo con la memoria viva que conservan algunos testigos de los últimos años de una época ya lejana, permiten devolver a la vida un mundo desaparecido.
La fotografía llegó pronto al Imperio otomano, y Salónica contó con varios estudios donde ejercieron fotógrafos de gran talento, griegos o armenios, musulmanes o judíos. Tras su objetivo, como tras el de ciudadanos anónimos y viajeros, la Salónica otomana de las décadas 1870-1920 se ofreció en su multiforme riqueza. La historiadora Catherine Pinguet ha explorado estos documentos —sobre todo, (...)


