En principio, las cosas no pintan bien para el presidente de Estados Unidos. La guerra contra Irán que emprendió en compañía de Israel ha sido impopular desde el primer día. Y lo es todavía más seis meses después, conforme se estanca sin haber conseguido ni uno solo de los objetivos señalados y tras provocar el cierre del estrecho de Ormuz. Pero, para los estadounidenses, este conflicto se traduce ante todo en un aumento de los precios, en especial el de la gasolina (+35% desde el pasado febrero). Hace dos años, Donald Trump fue reelegido para mejorar el poder adquisitivo de sus conciudadanos y poner fin a las “guerras interminables”. En vísperas de las elecciones de medio mandato, previstas para el próximo 3 de noviembre, el balance no es nada brillante. La popularidad del presidente se resiente.
¿Qué hacer, entonces? Primera opción: agachar la cabeza mientras dura la mala racha y confiar (...)


