Primero, hacen salir de la casa a todo el mundo. Con la ayuda de tambores, gongs y dos cuchillos, las cinco chamanas, de entre 30 y 71 años, expulsan a los espíritus y todo lo que califican de “impurezas”. Luego le dicen a la familia que entre. Una de las oficiantes, ataviada con su traje ceremonial, ejecuta una danza tocando los címbalos, mientras la madre y la abuela de la difunta se postran ante el altar de las ofrendas. Las horas pasan.
Este ritual, destinado a sosegar el alma de una mujer muerta y descrito por el etnólogo Alexandre Guillemoz, se realizó entre las 19:25 del 10 de agosto de 1982 y (...)



