A las cinco de la mañana, las luces giratorias azules desgarran la oscuridad de un polígono industrial en las afueras de Ostrava. Unos hombres armados derriban una puerta metálica. Dentro, barriles llenos de precursores químicos se amontonan hasta el techo y unos tubos de destilación desprenden el olor acre de la efedrina cocinándose. Otro laboratorio clandestino desmantelado.
Esta redada policial ilustra la guerra interminable que libra la República Checa contra su droga nacional. Aquí no se habla de meta, speed o cristal, sino de pervitin, que es el nombre de la sustancia estimulante repartida masivamente entre los soldados de la Wehrmacht durante la Segunda Guerra Mundial. Ochenta años (...)



